SARKIS_JUAN ERENA_PDF


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Autor: Juan Erena

Para guitarra sola

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Prólogos:

Sarkis es, en palabras de su autor, “una obra dedicada a todos los que sufren de una manera u otra injusticias, dejando una puerta abierta a la esperanza y al triunfo de la bondad y la sabiduría frente a la necedad y la iniquidad de la incompetencia”. Trasladar esas experiencias tan personales al plano musical es un proceso altamente complejo. Requiere de una alta capacidad de síntesis emotiva. Juan Erena consigue recoger esos sentimientos y plasmarlos en una obra que sugiere estados de ánimo encontrados y que ofrece un camino para la superación.  En el primer movimiento, La Herida, el autor nos transmite mediante la música esa sensación de desaliento y desamparo que produce ese daño producido por otra persona. La música nos lleva de una sensación de dolor a la complacencia mediante un camino plagado de cambiantes armonías. Éstas, pese a tener un fondo modal, muestran ciertas ambigüedades. Las tensiones armónicas se resuelven ocasionalmente produciendo esa impresión. Las melodías –realmente los breves motivos melódicos– implícitos en los desarrollos de los arpegios, crean esa sensación de resolución, articulando el discurso de una manera orgánica. Las secciones repetidas no lo están sistemáticamente sino que aportan novedades, casi improvisadas, que permiten un mayor lirismo. El segundo movimiento, La conjura de los necios, es una representación de la angustia vivida por la opresión de los poderosos sin criterio propio. Juan Erena nos propone una línea melódica muy inestable, mediante escalas cambiantes –menores, lidias alteradas, hexátonas– que se alternan con acordes, pivotes verticales en sentido rítmico. Aparecen irregularmente y definen gran parte del fraseo, basado a su vez en la alteración de la hemiolia del 6/8 y 3/4. Es un movimiento que parece resolver esa opresión sobre el personaje de Sarkis, con un final que da la falsa sensación de una conclusiva victoria sobre el oprimido. El final, La última sonrisa, es esa posibilidad de esperanza que se vislumbra cuando se sabe que se posee la razón y que hay una expectativa de recuperación. De nuevo partiendo de la hemiolia como base rítmica, pero con mayor estabilidad que en el segundo movimiento, se establece un discurso basado en la linealidad melódica. La complejidad armónica que marca los pulsos fuertes a lo largo de todo el movimiento es una característica que permite valorar aún más el lenguaje del autor, acercándolo definitivamente al jazz. El final abierto es un último guiño a una oportunidad ante la desesperanza y la desolación iniciales. Toda la música en Sarkis es altamente idiomática pero no está basada en la inmediatez de las posiciones en el instrumento, sino en el oído. Éste está orientado por la expresividad requerida en cada momento y por unos amplios conocimientos de procesos compositivos que permiten convertir en música impresiones tan personales que son difíciles de expresar con la palabra.

Carlos Blanco Ruiz

Logroño, septiembre de 2018


Decía Yupanqui que la guitarra contiene la primavera de los sueños y el invierno de las penas, la alegría de los campos y la soledad de las piedras. Esa soledad que resulta compañera cuando ella la armoniza, esa soledad necesaria para comunicarse con ella de manera franca y sin la predeterminación que significa la escucha de otras personas. Así comencé a descubrir esta maravillosa obra, sin el prejuicio de una escucha previa e incluso sin las condicionantes que nos son impuestas por medio de indicaciones de digitación y dinámica que muchas veces contribuyen a forjar versiones despojadas de la vital originalidad que requiere el arte de la interpretación. Primeramente me encuentro con un marco tonal de si menor que contiene un primer movimiento que mueve y conmueve esa soledad, que la vuelve amiga y confidente. Continúo leyendo la partitura y sigo descubriendo nuevos versos sin letras pues estas no son necesarias para que la poesía nazca de la guitarra y creo que esa es la mágica conquista que Erena nos regala con esta obra. Posteriormente y hasta el final de la composición las sorpresas y contrastes se convierten en constante en medio de un lenguaje sincero que resume todo lo que puede confluir en un compositor que se abraza a su raíz española sin omitir la consideración de un mundo sonoro que cada vez se hace más pequeño y unificado. Gracias, Juan. ¡Que venga mucha más música!

David Coto

Costa Rica, septiembre de 2018

 

 

 

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